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COMO EN
UN ESPEJO Miguel Angel Santos Guerra, Universidad de Málaga. 3. El origen de la iniciativa ¿Cómo puede surgir la iniciativa de hacer la evaluación del Centro escolar? La decisión condiciona de manera considerable el modo de hacer la evaluación y las posibilidades de su aprovechamiento para el cambio. El origen de la iniciativa no es tan importante como la naturaleza de la decisión. ¿Hasta qué punto asumen todos los miembros de la comunidad educativa la idea? ¿Por qué respaldan su desarrollo? ¿En qué condiciones se pone en marcha la iniciativa? ¿Qué están dispuestos a hacer para que prospere, llegue a su fin y tenga el éxito pretendido y deseado? Si los profesionales consideran la evaluación más como una amenaza que como una ayuda, si los padres la entienden como un ajuste de cuentas al profesorado, si los alumnos apenas si participan en la decisión y en el proceso, la evaluación perderá una buena parte de su potencia transformadora. Jerarquizaré la secuencia de posibilidades, de menor a mayor potencia educativa, según la naturaleza y la maduración de la iniciativa y las condiciones en que se puede poner en marcha en el Centro escolar. No todos lo modelos son puros sino que participan, a veces, de parcelas de la caracterización de los otros. Hay muchas más fórmulas posibles, de manera que se trata de una simplificación que pretende hacer notar la importancia de esta cuestión. La simplificación no está sólo en los ejes de clasificación y en su delimitación posterior sino en la justificación interna de cada uno de los casos. Por ejemplo, la iniciativa interna puede ser de una sola persona, de muchas, de todas y en cada uno de los casos puede tener una intensidad u otra y unas motivaciones muy diferentes. Plantearé cuatro modalidades entre la infinita gama de las posibles. a. Iniciativa externa de carácter impuesto Desde fuera y, por consiguiente, de manera jerárquica se impone al Centro la obligación de que realice una evaluación o se le somete a una evaluación externa. Esta iniciativa, más próxima al modelo de accountability o rendimiento de cuentas, tiene escasa potencialidad transformadora. En primer lugar porque genera resistencias, en segundo porque no implica a los protagonistas, en tercero porque habitúa a que las decisiones de cambio provengan de agentes externos. Las posibilidades que tiene de prosperar como una actividad enriquecedora, como una ocasión de cambio, como un ejercicio de participación, como un prooceso de aprendizaje no son muchas. Es fácil que se considere más bien una amenaza que una ayuda profesional. El deseo de quedar bien ante los evaluadores (o ante los patrocinadores) puede llevar a la distorsión del comportamiento espontáneo, de manera que se hace menos fiable. Es fácil que se desarrollen estrategias agresivas, desmotivadoras y descalificadoras. Será fácil que se pongan pegas sobre el carácter científico de la evaluación, sobre su utilidad, sobre sus mismas intenciones. La impicación en el proceso, lógicamente, no será grande ya que la iniciativa no se ha tomado sino que se ha sufrido. No digo que la reacción sea inevitablemente de este tipo, ni que debiera serlo. Someterse a la evaluaicón en un ejercicio profesional que maneja bienes públicos es una exigencia democrática. b. Iniciativa externa de carácter propuesto La iniciativa puede ser externa a la propia comunidad y tener el carácter de una propuesta, de un ofrecimiento o de una sugerencia. La iniciativa puede proceder de la Adminsitración, de un equipo de evaluación externo, de un investigador que necesita o desea realizar un trabajo (tesis doctoral, investigación privada o pública...). La realización de trabajos a través de la evaluación presenta un problema importante ya que, a veces, pueden enfrontarse los intereses de los evaluados con el interés del evaluador por terminar su investigación. Ese conflicto de intereses ha de ser controlado democráticamente para que no resulte un perjuicio para la comunidad educativa. Si el proceso de decisión es ampliamente democrático, si la negociación es extensa e intensa, será fácil que la evaluación se implante de manera positiva. La falta de transparencia en los propósitos, la escasa participación de la comunidad en la decisión (sobre todo cuando ha sido la dirección quien ha abierto inicialmente las puertas a los evaluadores), la negociación apresurada o superficial, dificultan el desarrollo positivo y disminuyen la eficacia de la evaluación. c. Iniciativa interna sin facilitadores externos Si la inciativa es de la propia comunidad existen muchas posibilidades de partir de buenas condiciones ya que se considera una actividad deseada, asumida y beneficiosa. Sé que la expresión iniciativa interna da cabida a un sinfín de posibilidades reales. Puede ser la iniciativa asumida solamente por el equipo direcrtivo, o por un grupo de profesores o por una Asociación de Padres... No todos están incluidos de la misma manera en la iniciativa que surge en un momento dado. Otra cosa es cómo se explica la iniciativa, cómo se asume, cómo se discute y cómo se pone en marcha. Porque pueden existir muchas personas indiferentes a la idea e, incluso, algunas que se opongan tenezmente a su puesta en marcha o que mantengan importantes reticencias a su desarrollo y control posterior. De cualquier manera el hecho de que se cierre sobre sí misma esa iniciativa y sean los propios protagonistas los autores de la evalución entraña el peligro de la falta de perspectiva. Al tener intereses en juego, teorías previas en práctica, papeles institucionales en acción..., se corre el riesgo de hacer una valoración menos objetiva aunque sea más fundamentada en el uso de los códigos de interpretación. Los participantes conocen muy bien el contexcto y sus reglas de juego, pero puede faltarles la perspectiva desapasionada del que no tiene compromisos personales con la acción. d. Iniciativa interna con facilitadores externos Creo que es la opción más rica desde el punto de vista de la potencia educativa de la evaluación. Si la iniciativa es de la propia comunidad y se cuenta para llevarla a cabo con facilitadores externos (podemos llamarles evaluadores si se prefiere) existen muchas garantías de llevar a buen término el proceso. Los evaluadores externos cumplen la tarea, como decíamos anteriormente, de facilitar a los protagonistas la emisión de un juicio más fundamentado y más riguroso que si lo hicieran desde su perspectiva interna. Los evaluadores no son los auténticos protagonsitas de la evaluación ya que su tarea no es decir a los miembros de la comunidad educativa qué es lo que hacen bien o lo que hacen mal, qué deben mejorar o qué necesitan cambiar. No vienen a suplir su capacidad de pensar o de decidir sino a ayudarles a ejercerla de manera más rigurosa. |