COMO EN UN ESPEJO
EVALUACION CUALITATIVA DE CENTROS ESCOLARES

Miguel Angel Santos Guerra, Universidad de Málaga.

1. Necesidad y exigencia de la evaluación de Centros

Los Centros escolares viven independientemente de su éxito. Es más, sin necesidad de concoer y definir en qué consiste precisamente el éxito. Toda la evaluación que se realiza en su seno tiene como único objeto el aprendizaje de los alumnos. Aun así, esta evaluación requeriría una ampliación del objetivo ya que una parte sustancial del trabajo de los alumnos depende de la organización, de los medios, de la intervención coordinada y del clima de la institución donde lo realiza.

La racionalidad más elemental exige la reflexión sistemática y rigurosa sobre la calidad de los proyectos que se planifican y se llevan a la práctica. Proponerse de manera intencionada una determinada forma de actuación y no preguntarse si se han conseguido aquellas pretensiones, si se han alcanzado de forma lógica, con un costo razonable, sin efectos secundarios negativos, en los plazos deseables..., es entregar al azar o a la arbitrariedad todo el proceso. Sólo importa decir dónde se quiere ir, pero no saber si se ha llegado ni por dónde y cómo se ha ido.

La evaluación propiciará la comprensión necesaria para garantizar la rectificación y el cambio. La comprensión de una realidad compleja como la escuela no se produce a través del análisis de los resultados que alcanzan los alumnos en las calificaciones. Esa visión simplista de la evaluación ha dificultado y distorsionado la comprensión profunda de la realidad escolar. ¿De dónde pueden surgir las decisiones convenientes para mejorar la acción? Esa necesidad de comprensión vendrá propiciada por la evaluación. La comprensión es, a mi juicio, la finalidad de la evaluación.

La responsabilidad social que hace que nos preguntemos por la utilización de los bienes lleva también a la exigencia de la evaluación institucional. Los Centros manejan bienes (públicos o privados) y es una exigencia ética preguntarse por el uso que se hace de ellos. Aunque las perspectivas sobre los criterios de la justa utilización de los bienes sea diferente según la ideología y las posiciones de las personas o los estamentos, la reflexión rigurosa sobre el funcionamiento de los Centros se convierte en una exigencia fundamental de la responsabilidad social.

Los profesionales de la enseñanza encuentran en la evaluación un excelente modo de perfeccionamiento. La reflexión que supone el juicio fundamentado lleva a la comprensión de la naturaleza y el sentido de las prácticas educativas y permite la modificación de las pautas de comportamiento, de las actitudes y de las concepciones que sobre ella se tienen.

La finalidad de la evaluación, y el origen de su exigencia, es la mejora de la práctica que se realiza en los Centros. La evaluación no es un simple apéndice, un adorno, un añadido que se coloca al final del proceso si hay tiempo, oportunidad y ganas. Tampoco tiene un fin en sí misma. No se evalúa por evaluar o para evaluar sino para mejorar la calidad de la práctica. De ahí la importancia de garantizar las condiciones que permitan aprovechar la evaluación para alcanzar este fin de la mejora. Porque lo más importante, a mi juicio, no es evaluar ni siquiera evcaluar bien sino poner la evaluación al servicio de los valores educativos y de las personas que más los necesitan.

Por todo ello considero importante y neceseario que se realice la evaluación de Centros. Por todo ello es también sorprendente y preocupante que no se realice hasta ahora un tipo de evaluación, surgida espontáneamente de la necesidad de conocer y de mejorar, inherente a la dinámica de planificación, intervención y cambio. Buena parte de la evaluación que se ha hecho de los Centros hasta ahora tiene su origen en decisiones jerárquicas externas, sea para realizar la autoevaluación institucional a través de las llamadas Memorias (realizadas al final de curso, de forma individual, sin participación de los alumnos...), sea para someterse a evaluaciones realizadas por la Inspección (casi siempre por medio de cuestionarios que cumplimentan los profesores, sin retroalimentación, sin participación de los alumnos...).

Formar profesionales que sientan esta necesidad y sepan darle cumplimiento, configurar plantillas que lo hagan deseable y generar las condiciones que lo hagan posible, son exigencias de largo alcance que van más allá de las simples recomendaciones y de las prescripciones oportunistas.

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